Lecturas críticas

Sostener polémicas, practicar la discusión e instruirse en nuevas fuentes son tres direcciones que permiten mantener el Campo Freudiano del lado de las luces. Por ello las Bibliotecas de la Orientación Lacaniana no pueden contentarse con poner a disposición de los lectores una gama lo más amplia posible de volúmenes, sino que ponen empeño, en particular, en la organización de presentaciones, conferencias, debates y cualquier otra forma de ampliar el terreno de las discusiones con ocasión de las obras que vayan apareciendo, para poner así de relieve la lectura que de ellas permite hacer el Campo Freudiano

Entrevista con Judith Miller

 

ENTREVISTA CON JUDITH MILLER (*)
 
LA RECONQUISTA DEL CAMPO FREUDIANO
 
Fuente: Le Diable probablement, número 9, Verdier/CDE, París, 2011, p. 63-74
 
Entrevista realizada por Anaëlle Lebovits-Quenehen, Caroline Leduc y Aurélie Pfauwadel
 
Anaëlle Lebovits-Quenehen: Usted es desde 1981 presidenta de la Asociación de la Fundación del Campo freudiano que creó y presidió Jaques Lacan en 1979, y es en tanto tal que queríamos conversar con usted sobre el estado del psicoanálisis lacaniano en el mundo. Pero primeramente, le pido que nos diga qué es el Campo freudiano.
 
Judith Miller: El Campo freudiano es un vasto conjunto que concierne a miles de practicantes lacanianos en el mundo. Bajo este significante Campo freudiano, se inscribe la comunidad de trabajo que se refiere a la enseñanza de Jacques Lacan, incluso si existen también analistas “lacanianos” que trabajan por fuera, incluso contra, el Campo freudiano. Todas las Escuelas de psicoanálisis de orientación lacanianas reunidas en la Asociación Mundial de Psicoanálisis se construyeron y se consolidan a partir de los Seminarios del Campo freudiano donde los textos de Lacan son leídos, ilustrados, referidos a sus prácticas respectivas por los participantes. Forman parte del Campo freudiano todas las Secciones y Antenas clínicas, todos los Institutos del Campo freudiano con sus diversas redes, instituciones de atención y una Federación internacional de Bibliotecas de orientación lacaniana. Usted puede ver que el Campo freudiano forma un pequeño mundo por sí solo, decidido a reconquistarse a sí mismo de forma permanente para no caer en la rutina, y responder a las sorpresas – buenas o malas – que nos reserva el mundo contemporáneo
 
A.L.-Q.: ¿De dónde viene ese término?
 
J.M.: Este nombre “Campo freudiano” fue dado inicialmente por Jacques Lacan en 1966 a una colección que él dirigía en Seuil. Es la colección en la que publicó sus Escritos y donde Jacques-Alain Miller recopiló los Otros escritos. No era la primera vez que Lacan usaba ese sintagma, especialmente presente en el “Acto de fundación” de su Escuela en 1964. Jacques Lacan designaba entonces con este significante el espacio conceptual y la práctica nueva que Freud abriera inventando el psicoanálisis. “Campo” debe entenderse en el sentido de campo magnético o eléctrico, indica que el sujeto no es más libre que el electrón, sino que responde en la contingencia de la que resulta su recorrido, a leyes, a las leyes del lenguaje.
 
A.L.-Q.: La Escuela de la Causa freudiana, creada en 1982, es la escuela francesa de psicoanálisis lacaniano a partir de la cual ustedes han trabajado para la difusión del psicoanálisis de orientación lacaniana en el mundo.
 
J.M.: La ECF tiene el privilegio de ser la escuela del país donde Lacan enseñó y practicó y me doy cuenta, hablando con usted, que es la única donde no existen Seminarios del Campo freudiano… En 1982, teníamos detrás nuestra el apoyo del viaje de Lacan a Caracas que determinó la serie de los “Encuentros internacionales del Campo freudiano”. Lacan dio cita allí a sus lectores para un segundo Encuentro, en París. Él nos dejó el 9 de septiembre de 1981, pero hemos realizado ese segundo Encuentro internacional del Campo freudiano en París en febrero de 1982. Vinieron muchos apasionados por la enseñanza de Lacan. Este Encuentro fue un paraguas que protegió a la ECF, muy joven entonces. Recuerdo que cuando fui a Caracas en 1980, estaba un poco aterrorizada, pues analistas que yo no conocía en absoluto se me acercaban y me pedían que les explicara lo que era el pase para ponerlo en marcha en sus lugares… Era delicado, porque esos analistas no tenían Escuela. No podía desalentarlos ni alentarlos a practicar el pase sin escuela, es decir sin una estructura que permitiera simplemente ubicar en el buen lugar, un dispositivo tal. ¿Cómo encontrar la destreza apropiada para atemperar el entusiasmo sin extinguirlo?
 
Aurélie Pfauwadel: ¿Venían de todas partes del mundo?
 
J.M.: Esa cita de Lacan estaba dirigida esencialmente a los latinoamericanos, y principalmente a los argentinos. Luego el primer seminario realizado por Jacques-Alain Miller en Caracas en 1979 ante un pequeño número de analistas – que por otra parte permanecieron casi todos en el Campo freudiano y en las Escuelas que se crearon después. Jacques-Alain Miller trabajó sin descanso, durante años, para que todos los grupos latinoamericanos – que eran ciertamente entusiastas, pero también con dificultad para estudiar de manera seria por el culto de las pequeñas diferencias – formaran lo que yo llamé comunidades de trabajo y se reagrupasen en escuelas para hacerlo.
 
A.L.-Q.: Entonces, hizo falta tiempo para apaciguar las tensiones y estas “pequeñas diferencias” que impedían a los analistas trabajar juntos a pesar de tener una misma orientación.
 
J.M.: Esto llevó tiempo, en efecto, casi diez años, de los dos lados del Atlántico. Creo que la EEP, la Escuela europea (que incluía en su origen a los grupos españoles y a los grupos italianos que no tenían aún Escuela en ese momento), y la EEP desarrollo (que englobaba a los otros países europeos con excepción de Francia (1), fueron creadas en 1990, como ocurrió con la Escuela de la Orientación Lacaniana, la Escuela argentina. Luego fue, poco a poco, la creación de la Escuela española, la Escuela italiana, la Escuela brasileña, las Escuelas multinacionales, la Nueva Escuela Lacaniana, y la New Lacanian School, que agrupan las instancias de orientación lacaniana en los países que aun no tienen Escuela
 
Caroline Leduc: ¿Cómo consideraba Lacan la expansión geográfica de su enseñanza?
 
J.M.: Fue muy elogioso en relación con aquellos que encontró en Caracas. Los analistas que se encontraron con él estaban literalmente encantados. Lacan quedó totalmente sorprendido de ver hasta qué punto sus lectores no sólo eran numerosos, sino que estaban igualmente preparados para multiplicarse. Les dijo que él los consideraba como sus alumnos, aunque no hubieran sido formados por él en el 5 rue de Lille. Algunos habían venido a verlo al pasar por París, pero ¿cómo adivinar lo que va a hacer una vez que se va, alguien que viene a decirles su admiración cuando pasa por allí? Y si bien había analistas de la EFP – Escuela freudiana de París, fundada en 1964 por Lacan – que habían viajado al extrajero, no le habían dado a Lacan la impresión que era posible considerar la posibilidad de Escuelas de orientación lacaniana en Argentina o en otra parte. Lacan lo había considerado en Italia… Si los alumnos de Lacan viajaban entonces como maestros, un poco como universitarios, sin deseo de transmisión y de formación en psicoanálisis, Lacan, cuando hablaba fuera de Francia, continuaba con su reflexión y su invención, no cediendo en su exigencia de dar cuenta de su práctica de analista.
 
C.L.: Estaba la transferencia con la persona de Lacan y luego, más allá, era necesaria la transferencia a la causa analítica para que la enseñanza de Lacan pudiera continuar existiendo una vez que Lacan hubo desaparecido.
 
J.M.: En efecto, un analista produce una transferencia, como otros por otra parte, pero un analista no se identifica con aquel que sabe, porque sabe que esa transferencia se dirige al sujeto-supuesto-saber. Cuando quiere hacer un paso más en la transmisión, le es necesario encontrar cómo esa transferencia puede ir al psicoanálisis de orientación lacaniana mismo. Y este paso es a menudo problemático, pues si bien es necesaria una presencia encarnada – la presencia de un analista es indispensable-, es necesario también un más allá de esta presencia para que la transferencia al psicoanálisis se produzca efectivamente. Es lo que observo en los seminarios que sostienen los enseñantes del Campo freudiano
 
A.L.-Q.: Podríamos decir que las Escuelas son el lugar de la transferencia-personal-superada.
 
J.M.: Eso es. Puede ocurrir que alguien haga un análisis, tenga una transferencia a su analista, lea a Freud y Lacan, las revistas de psicoanálisis, pero una escuela supone un paso suplementario, el de sentirse implicado en el futuro del psicoanálisis mismo y trabajar en su transmisión. Constato que esta operación depende a la vez de los colegas que forman el grupo, y de los analistas que vienen a enseñar allí. Es, por ejemplo, en lo que trabajó Jacques-Alain Miller para crear la EOL, haciendo de manera que la pasión de los pequeños grupos preexistentes a la llegada de Lacan a Latinoamérica pudiera conocer una Aufhebung en las Escuelas, es decir un lugar de formación para los analistas a partir del cual resplandezca el psicoanálisis.
 
A.L.-Q.: Sin embargo esto no quiere decir que no pueda haber tensiones en una Escuela.
 
J.M.: Por supuesto. Una Escuela conoce, llegado el caso, tensiones pero las supera de modo diferente que los grupos. La unanimidad es bastante inquietante en una comunidad de trabajo, pero justamente, una escuela es un lugar donde el debate puede hacerse tanto mejor cuanto que estamos juntos para trabajar y no para quedar bien y trabajar para la propia promoción.
 
A.L.-Q.: La Asociación Mundial de Psicoanálisis, la AMP, es la mayor internacional de psicoanálisis luego de la IPA fundada por Freud hace 100 años. ¿Cómo se creó?
 
J.M.: La AMP fue creada y modelada por Jacques-Alain Miller en 1992, es decir once años después de la muerte de Lacan. Esta asociación reunía inicialmente cuatro Escuelas, Jacques-Alain fue su delegado general durante diez años, para luego pasar la antorcha a otros en cuanto le fue posible.
 
A.L.-Q.: Lo que usted llama “Escuelas” abriga la vida institucional de analistas lacanianos en un país dado (como la Escuela italiana, la española, la francesa, la argentina…) Pero hay también Escuelas donde convergen grupos que vienen de diferentes países.
 
J.M.: Sí, un grupo como el de La Habana –compuesto por practicantes decididos, ¡y no sé por qué milagro, lacanianos inquebrantables!-, que data de 1991, ha devenido por ejemplo un integrante de la Nueva Escuela Lacaniana. Esta Escuela, fundada en julio de 2000, reúne a algunos países de América Latina que no tienen su propia Escuela, como Perú, Venezuela, Cuba, Bolivia, Colombia, USA-Miami, México y Chile.
 
A.P.: ¿Hay algo parecido en Europa?
 
J.M.: Se sobrepasan ampliamente los límites geográficos de Europa con la New Lacanian School que reúne entidades activas en Gran Bretaña, Suiza, Israel, Grecia, Polonia, Dinamarca, Portugal, Australia, Canadá, Alemania, Irlanda y vectoriza el trabajo de los grupos de Europa del Este. Antes de formar parte de una Escuela, hay que llegar a crear una transferencia apropiada para que una comunidad de trabajo efectiva y autónoma pueda existir.
 
A.P.: ¿Es eso lo que ocurre en Israel?
 
J.M.: Lo supongo… No me he ocupado mucho de Israel. Las primeras noticias que tuve de Israel fueron en 1982, en ocasión del Encuentro internacional de París. Recibimos una carta con un sello de Israel. Gran explosión de alegría. De hecho, se trataba de unos argentinos que habían emigrado a Israel. Luego, segunda carta de Israel, nos precipitamos nuevamente, era también de un argentino. Hubo cuatro o cinco cartas así. Hoy el grupo israelí forma parte de la New Lacanian School, cuyo próximo congreso se realizará en Tel-Aviv. Algunos textos de Lacan están traducidos al hebreo – lo que es formidable. Estoy segura que Lacan se hubiera alegrado mucho con esto. En Grecia también por otra parte, y Lacan poco a poco es traducido en todos los países de la NLS; esto es indispensable para el Campo freudiano, lo constato especialmente en Rusia donde nos ocupamos de ello particularmente, con un ritmo sostenido.
 
C.L.: ¿Las Escuela europeas preexistían todas a la creación de la AMP?
 
J.M.: No, la Escuela italiana, por ejemplo, la Scuola Lacaniana di Psicoanalisi, se funda después de la creación de la AMP, así como la Escuela española, la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo freudiano. Sin embargo Lacan estuvo muy presente en Italia durante su vida. Por otra parte, durante mucho tiempo, lamenté que los italianos no tuvieran Escuela a pesar de la generosidad de Lacan hacia ellos. Ahora, esta Escuela existe, y debo decir que, para mi gran alegría, es muy activa, participa incluso de la reconquista del Campo freudiano en Europa del Este desde hace algunos meses.
 
A.L.-Q.: ¿Los italianos en Europa del Este?
 
J.M.: Ocurre que Albania es un país que capta muy bien la radio italiana de Berlusconi – es lamentable, pero es así – y por lo tanto, la segunda lengua, en Albania, es el italiano. Por lo tanto conté con los miembros italianos cuando se trató de ir a Tirana. Logré que colegas italianos fueran tomando el relevo en el Seminario del Campo freudiano en Albania y mi anhelo es que perseveremos en ese camino.
 
A.P.: ¿Qué es lo que hace al vigor de una Escuela, en su opinión?
 
J.M.: Sin duda hay muchas cosas, especialmente el hecho de que en Italia, como en la Escuela argentina y en la Escuela española, fueran traducidos los Seminarios de Lacan en italiano y en español, apenas establecidos por Jacques-Alain Miller. Disponer de buenas traducciones de los Escritos, los Otros escritos y los Seminarios de Lacan da mucha fuerza a una Escuela. Hoy se traduce mucho en italiano –no solo a Lacan, sino también a Jacques-Alain Miller. En español también –esencialmente gracias a los argentinos, por otra parte. Paradójicamente Jacques-Alain Miller es más publicado en español que en francés gracias a ellos.
 
A.P.: Díganos entonces, ¿cómo se encontró usted con los argentinos?
 
J.M.: Mi encuentro con los argentinos ocurrió en Venezuela, donde algunos de ellos estaban exilados. Encontré allí a Graciela Brodsky, a Alicia Arenas quien vive actualmente en Miami, a Dudy Bleger y a Diana Rabinovitch. Cuando se exilian de su propio país – a veces obligados y forzados a hacerlo -, los argentinos son muy activos y tratan de hacer pasar aquello de lo que se trata en la orientación lacaniana
 
C.L.: ¿Cómo llegó Lacan hasta ellos?
 
J.M.: Llegó por dos hombres que tuvieron un gran papel histórico y que Lacan conoció: Enrique Pichon Rivière y Oscar Masotta, que era un filósofo, althuseriano creo, y que sentía pasión por Lacan. Lo hizo conocer no sólo a los argentinos sino también a los catalanes y a los andaluces.
 
A.L.-Q.: ¿Lacan estuvo en contacto con analistas argentinos?
 
J.M.: Lacan conoció a algunos. Encontré en la biblioteca de mi padre un libro de Germán García que éste le había llevado, pero también libros de Masotta y publicaciones argentinas. Lacan no hacía muchas confidencias sobre esta cuestión. Se viajaba mucho menos en esa época. Pero, la primera vez que llegué a Argentina, tenía en mi pasaporte mi nombre de soltera y ¡el empleado de la aduana me preguntó si yo era la “hija de Lacan”! El psicoanálisis es algo verdaderamente familiar, presente en Argentina: cualquier persona que puede, va a ver a un psi en algún momento de su vida, me parece.
 
A.P.: Medio siglo después del combate de Lacan contra la Egopsychology, el mundo anglosajón parece muy difícil de penetrar.
 
J.M.: No sé a qué se debe verdaderamente. Quizá al puritanismo anglosajón. Los universitarios americanos se aprovechan de Lacan sin interesarse por la clínica, lo que limita enormemente sus posibilidades.
 
A.P.: En las universidades, Lacan es conocido en efecto a través de los estudios de French Theory, de Queer Theory, y de Cultural Studies, o incluso en los departamentos de cine, donde se utilizan mucho las teorías de Lacan sobre la mirada. Se trata siempre de estudios desconectados de la clínica.
 
J.M.: La mayoría de los psicoanalistas americanos no son lacanianos, en efecto. Hay algunos que vinieron a analizarse en Francia – a menudo en inglés, por otra parte – con miembros de la Escuela de la Causa freudiana. Pero para brillar allá, no sé lo que hace falta realmente. Pienso que el psicoanálisis está verdaderamente roído por el cientificismo anglosajón. Sin embargo no fue gracias al empirismo como emergió la ciencia.
 
A.L.-Q.: De todos modos Lacan pasa por Lacanian Ink, la revista neoyorquina dirigida por Josefina Ayerza y en la cual escribe Jacques-Alain Miller, pero también Gérard Wajcman, o filósofos como Badiou y Zizek…
 
J.M.: Josefina Ayerza es argentina, por otra parte. Hay sin embargo un grupo en Canadá que se llama “le Pont Freudien”, en Montreal, desde hace diez años. Pero la evaluación hace estragos allí, está mucho más mundializada que el psicoanálisis. Debemos luchar contra la terapia comportamental aquí, pero allá es peor aún. La legislación sobre la deontología del “ojo absoluto” es allí terrorífica. Debe ser del mismo tenor en los Estados Unidos: un analista es supuesto hacer rápido y ¡puede requerírsele para dar informaciones sobre sus analizantes! Es difícil practicar el psicoanálisis en tales condiciones que atentan contra el estado de derecho en sus fundamentos.
 
A.L.-Q.: ¿Entonces, en el fondo, el psicoanálisis prendería en primer lugar en los pueblos latinos, entre América latina o francófona y la Europa latina (Francia, España, Italia)?
 
J.M.: De hecho, Lacan fue muy bien recibido en el Congreso de lenguas romances, mientras que no fue bien recibido en la IPA que ya estaba muy americanizada. Es verdad que la Escuela brasileña, la Escuela Brasileña de Psicoanálisis, de la que aún no hemos hablado y que fue creada luego de la Escuela argentina, tiene un dinamismo extraordinario: tiene una revista formidable, muchas colecciones, Lacan se ha traducido al portugués – y bien traducido – en plazos muy breves. Hay almas que animan la cosa, concretamente. Me reservo citar aquí los nombres, pero cada uno puede saber quién es el alma de la traducción, y de la revista brasileña. Entonces, sí, el psicoanálisis está más desarrollado en los países latinos que en los países anglosajones, incuestionablemente. Tenemos de todos modos, un excelente traductor de Lacan en inglés, en Australia. Trabaja a su ritmo, pero lo traduce muy bien.
 
A.L.-Q.: Usted evocaba hace un momento a Albania en Europa del Este.
 
J.M.: La enseñanza de Lacan se difunde en Albania, en Rusia, en Ucrania, en Letonia y en Bulgaria. Pronto hará once años que trabajamos en esos países. Hay que decir que el psicoanálisis no puede encontrar su lugar en todos los países de Europa del Este con la misma facilidad. En Rusia por jemplo, ¿cómo hablar de “asociación libre”, cuando la libertad de expresión y de asociación no existe para los rusos? Para dar un estatuto jurídico al grupo del Campo freudiano-Rusia, hemos hecho una asociación de derecho francés. En Bulgaria, por el contrario, pudimos hacer un grupo de derecho búlgaro, porque Bulgaria forma parte de la Comunidad europea.
 
A.L.-Q.: ¿El régimen soviético impedía la entrada del psicoanálisis en Europa del Este?
 
J.M.: ¡Seguramente! Desde que entró la Perestroika, los analistas pudieron ir allí. Era un momento especial, de grandes esperanzas, de grandes ilusiones también sobre lo que era el capitalismo. Algunos creían que eso permitiría “atar los perros con longaniza” como se dice en español. Los colegas de la primera ola, que fueron tanto a Rusia como a Ucrania, volvieron conmocionados porque llenaban el anfiteatro, los jóvenes tenían una real avidez por las publicaciones psicoanalíticas. Todo esto produjo un cierto júbilo y luego nada más. Cuando se llega al desierto puede que haya multitudes, pero de todos modos es el desierto, puro lifting de mandarines que lograron quedarse en el lugar…
 
C.L.: ¿Cómo se llevó a cabo concretamente lo que usted llama la “Reconquista del Campo freudiano”?
 
J.M.: Casi puerta a puerta, luego de ese primer falso semblante Encontramos algunos psicólogos casi por azar, dado que yo tenía una sobrina que vivía en Moscú, donde estudiaba teatro. Su profesor de esgrima leyó el pequeño volumen bilingüe de “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” que yo le había dado y ¡que le prestó sin haberlo leído! Este señor se interesó mucho. Su mujer, psicóloga en un hospital importante de Moscú, nos hizo conocer a personas que podían interesarse en la lectura de Lacan. Freud volvía a traducirse – a menudo de manera dudosa -, y el primer Seminario del Campo freudiano en Rusia comenzó con lo que teníamos a mano. Se hizo una bola de nieve. Y la bola de nieve se hizo mancha de aceite, gracias a los enseñantes de los Seminarios del Campo freudiano en cada uno de los países vectorizados por la NLS. Las traducciones de Lacan son nuestra mejor arma. Más de veinte colegas de Europa del Este han comenzado un análisis en Francia, y uno en España. Son los pioneros.
 
A.P.: ¿Hay psicoanalistas lacanianos en China?
 
J.M.: No, nosotros no estamos presentes. Debe haber dos o tres textos de Lacan traducidos al chino,   “El estadio del espejo” y “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis” tenemos algunos contactos con los chinos, ¡pero queda todo por hacer!
 
A.L.-Q.: ¿Y en Japón?
 
J.M.: Las relaciones con Japón se remontan a la época en que Lacan aun vivía. El Sr. Takatsusu Sasaki, un hombre sorprendente, tradujo los Escritos. No es psicoanalista, pero tenía una pasión tanto por los Escritos como por Lacan. Trabajaba con un cuidado extraoardinario. Otros se pusieron a traducir los Seminarios de Lacan. Algunos japoneses comenzaron un análisis en Francia. Tambien hay traducciones de Lacan en coreano, donde una dama, que he conocido, una feminista bastante impresionante, se ocupa.
 
C.L.: He sabido por Twitter que en la India, parece que hay un profesor que ha leído a Lacan – no sé exactamente en qué lengua – y que lo enseña. Una de sus alumnas, una joven india, pronto va a venir a Francia para formarse y hacer un análisis.
 
J.M.: ¿Quién sabe? Quiza puede volverse el pilar del grupo indio, como la dama de Iran lo ha sido en su país… A partir del momento en que hay uno decidido, no hay que dudar en profundizar. Es una apuesta. En Albania, he encontrado a una joven verdaderamente decidida que sabe a quién dirigirse, y pudo reunir de entrada a una cincuentena de “psi” en el primer Seminario del Campo freudiano. Descubren el psiconaálisis porque incluso los textos de Freud no están traducidos en albanés. Están comenzando.
 
C.L.: La Eurofederación reúne a todas las Escuelas y grupos europeos que forman parte de la AMP, así como a las asociaciones que gravitan en torno de las Escuelas o grupos sin formar parte de la AMP. ¿Es así?
 
J.M.: Si, la Eurofederación de Psicoanálisis federa todas las asociaciones y grupos existentes.
 
A.P.: ¿Dónde piensa usted que van a abrirse las próximas Escuelas de psiconálisis lacaniano del Campo freudiano?
 
J.M.: ¡No pongamos el carro delante de los bueyes! Usted lo señaló, la reconquista del Campo freudiano está por hacerse en China, en India, en Irán, quien sabe si en Africa… donde no hacemos demasiado, ni tampoco en el mundo musulmán. No sólo tendremos que luchar contra la evaluación, la cuantificación y las terapias comportamentales, sino también contra los integrismos. ¿Cómo articular charia y psicoanálisis?
 
A.L.-Q.: Para terminar, y puesto que tenemos una idea de los lugares donde Lacan está vivo en el mundo treinta años después de su muerte, le pediría si puede relatarnos una anécdota, una pequeña historia que caracterice al hombre Lacan según usted que lo conocío muy bien y con razón.
 
J.M.: Todos me piden anécdotas. Al Diable le digo, ustedes admiran a Lacan porque lo leen y lo estudian. Y a mi modo de ver hacen bien. Permítanme no satisfacer esta demanda. Ustedes son jóvenes, y yo quisiera que haya Diables en todos los países donde existe el Campo freudiano y en aquellos donde no existe aún. El mundo ha cambiado mucho desde Lacan. Estoy convencida que no puedo hacer nada mejor que consagrarme a que su enseñana y el deseo del que da testimonio continuén transmitiéndose: es una verdadera elección de civilización, una apuesta esencial sobre el porvenir. El porvenir me parece inquietante por supuesto, pero este deseo y esta enseñanza permanecen como una brújula fiable, y eso supone que cada uno ponga algo del suyo.
 
(1) En 2008, la Escuela Europea se convirtió en la Federación europea de las escuelas de psicoanálisis que integraba a la ECF. Luego ella misma se trasformó en 2010 en Eurofederación de Psicoanálisis, que comprende todas las escuelas europeas y numerosos grupos de trabajo ligados con esas Escuelas
 
Traducción: Silvia Baudini
 
(*) La lista Inter-cambios de la FIBOL agradece a Anaëlle Lebovits-Quenehen, directora de Le Diable probablement y a Silvia Baudini y al Consejo editorial de la revista El Caldero de la EOL, su amabilidad y generosidad. Esta entrevista será publicada en un número de El Caldero dedicado a celebrar, con alegría, los 20 años de la EOL.
 

Lecturas críticas

Luis García Montero, un poeta en la ciudad

 
Al mismo tiempo que la recopilación de sus poemas entre 1980 y 2005 (Tusquets, 2006) ocupaba el primer puesto de ventas en las librerías españolas, el poeta granadino Luis García Montero nos regalaba el espíritu con un libro de ensayos al que el psicoanalista del Campo freudiano no podía dejar de prestar la atención que merece.
 
“Los dueños del vacío. La conciencia poética, entre la identidad y los vínculos” es el título preñado de promesas que el autor ha puesto en la portada de un volumen cuyo prólogo comienza con una hipótesis de trabajo: “los poetas contemporáneos han sentido con frecuencia el impulso de ser la expresión de una identidad o de saberse vinculados a una verdad colectiva”. Un interés que el poeta reconoce, una líneas más adelante, que se debe a su propia experiencia histórica. Una experiencia que le ha llevado en estos años a cuestionar la falacia naturalista, la expresividad de las identidades líricas y también las profundidades atávicas del silencio. El poeta sabe por Adorno que la crisis de los valores envenena las palabras, que las realidades implacables ridiculizan las alternativas y que, en esta situación, “la empresa decisiva consiste en mantenerse a flote con dignidad” El poeta sabe por Neruda del infantilismo social, de la deriva progresista de buena parte de la izquierda española que repite fórmulas de manual trasnochado. El poeta sabe por Ayala de los juegos de cinismo, de las “finalidades transitorias” de la acción política contemporánea.
 
Por eso mismo, su opción es clara: “hay una experiencia de vacío íntimo” en ciudadanos de muy distintas procedencias. Y puesto que el silencio es una versión del cinismo, opta por no quedarse callado, para defender las libertades individuales y las singularidades culturales, opta por la invención: “habrá que inventarse algo. Sí, habrá que inventarse algo”.
 
En estos momentos de perplejidad, pasada la época de los iluminados románticos, de los posesos cientificistas de la verdad como hormigón armado, el poeta sabe que lo importante es “aprender de nuevo a hacerse preguntas”. Los poetas, dueños del vacío, saben que una identidad no debe imponerse como raíz única de los vínculos, que un discurso social no es la verdad única frente a las identidades particulares: la dinámica de las identidades y los vínculos sociales es un peligro cuando se entienden del todo, cuando se juntan demasiado.
 
La lección de la poesía contemporánea es, para Luis García Montero, el reconocimiento de la soledad. Una soledad que ha descubierto el vacío, un vacío que no se apoya en las justificaciones absolutas. Los poetas contemporáneos nos enseñan a delimitar una frontera entre la intimidad y los vínculos. Por eso, urge reconocer la importancia de las decisiones individuales, de la responsabilidad del decidir, de la conciencia de los ciudadanos que apuestan por ilusiones colectivas pero que se niegan a la homologación, a la borradura de su experiencia histórica concreta.
 
El vacío es una metáfora. Por eso nada está más lleno que el vacío. En la propuesta ciudadana de Luis García Montero conviene ser dueños de nuestro propio vacío, amueblarnos con nuestra libertad de decisión, darle a la identidad lo que es suyo y a los vínculos lo propio. El poeta lo llama “optimismo melancólico” Lo es si lo comparamos con las certezas, las patrias, las religiones y los dividendos. Es la posición de un poeta en la ciudad para hacer frente a la actual e imperiosa necesidad de homologación de las conciencias individuales: “tal vez la palabra de lo poetas, dueños de su propio vacío, sea una buena compañía en la desorientación y en la perplejidad”.
 
La ciudad es el lugar donde se generan y se observan las contradicciones de los tiempos modernos: las tensiones inevitables entre identidad y homologación, entre singularidad y anonimato, entre las soledades y las multitudes. El poeta desata así el juego de la unidad y de la diversidad, que es el juego último del deseo: desear significa desplazarse, mutarse, convertirse en otro, ir hacia otra parte.
 
Les dejo, para terminar, los títulos de los capítulos de este libro imprescindible para psicoanalistas atentos a las brechas en las que se aloja el sujeto moderno y su goce, para psicoanalistas dispuestos al control externo de su práctica y de su acción lacaniana con lo social: La tormenta secreta de lo bello; El óxido de la melancolía; La conciencia y la identidad; El poeta en la ciudad; El erotismo y la tristeza; La disciplina de San Juan de la Cruz; La lección de Pablo Neruda. Alegría y temor del compromiso; La lección de Luis Cernuda. El poeta y el surrealismo.
 
Recuerdo que cuando editamos Colofón 25 sobre “Psicoanálisis y poesía” alguien había dicho que los psicoanalistas teníamos “una comunidad de destino con los poetas”. Seguramente ese alguien era un buen lector de Lacan.
 
Luis García Montero también lo es. Fundó, junto a otros, en 1983, la Biblioteca del Campo Freudiano de Granada.
 
Jesús Ambel
 

El ready made y el tiempo

 

El ready made y el tiempo
 
Anne Ganivet-Poumellec
 
¡Buena noticia! Hasta el 26 de mayo de 2008, la Modern Tate conmemora a Duchamp, a Man Ray y a Picabia; es la ocasión de ir a hacer de “mirón”. Invitados por esos tres dandis del arte del siglo XX, podemos hacer de una fábrica de serias y modernas incongruencias, el soporte de nuestro deseo. Gracias a eso, “los traumanos” se oponen, aunque sea un instante, al mundo técnico de la producción en masa.
 
Es pues la ocasión de entablar una conversación con Marcel Duchamp (1).
 
En El objeto del siglo (2), Gérard Wajcman, sigue la pista “del objeto verdaderamente inquietante del siglo XX” y encuentra a Marcel Duchamp y a Casimir Malevitch a partir de dos obras de arte:
. el ready made (retrospectiva) de 1913, La rueda de la bicicleta, en el caso del primero.
. Cuadrado negro sobre fondo blanco, de 1915, en el segundo caso.
 
Me ocuparé de su lectura del ready made para volver a la obra de MD.
 
Wacjman dice del ready made que es “pensamiento material, pensamiento visible y encarnado” (3) y que está “creado” por Marcel Duchamp aunque sea extraído de la masa de objetos manufacturados.
 
Un ready made no tiene nada de único pero su particularidad es absoluta. Se trata de un objeto cuyo campo de utilidad sufre una transmutación: se vuelve esencial para el campo del arte y hace inútil el gran mercado de la manufactura.
 
Ese objeto sale de la serie del “todos iguales” para volverse un objeto no idéntico a sí mismo, y vemos ahí operar una especie de feminización debido a los rasgos de la inconsistencia.
 
Al mismo tiempo, algo nuevo viene al mundo, es el ready made, firmado por Marcel Duchamp (o un seudónimo). Un objeto a cargo de un autor.
 
El objeto material se hace más presente en el mundo en tanto que contiene un vacío; dice Gerard Wajcman que se trata de un arte que apunta a lo real, un arte que agujerea: “la teoría lacaniana del psicoanálisis es una teoría contemporánea de la Rueda de bicicleta de Duchamp y del Cuadrado negro sobre fondo blanco de Malevitch” (4).
 
¡Bien! Hay una cincuentena de ready made, citemos las más célebres: Rueda de bicicleta, Portabotellas, Fuente… ¿Cómo ha sido posible el surgimiento de esos objetos? ¿De qué coordenadas temporales son el rastro?
 
En 1913, la fecha en la que instala en su cuarto una rueda de bicicleta atornillada en un taburete de cocina, Marcel Duchamp ha comenzado ya a trabajar en el Gran Vidrio: poco tiempo después de haber asistido a una representación de las Impresiones de África de Raymond Roussel, con Picabia, en 1912, y después de un viaje a Alemania, comienza a garabatear notas, esbozos, y fragmentos de ideas, y es también la época en la que cae perdidamente enamorado de Gabrielle Buffet, la mujer de Francis Picabia.
 
La relación se mantiene casta pero es un enamorado afligido: en 1912, en el andén de una estación de Jura, corre al encuentro clandestino con Gabrielle y pasan la noche sentados en un banco, hasta que MD coja el tren de la mañana para Munich. Aquel a quien se llamaba “el soltero”, comienza entonces sus croquis para el Gran Vidrio y pinta un cuadro durante su estancia en Alemania, La casada, cuadro que regala a Picabia a su vuelta.
 
Rodeado por el éxito que tienen sus lienzos, sobre todo su célebre Desnudo bajando una escalera, que escandalizó en la Armory Show de 1913, Duchamp se reúne con su fama y se instala en Nueva York en 1915. En su equipaje va ya lo que ha comenzado del Gran Vidrio: La casada, Los 9 mejillones Mâlic, esbozos sobre papel.
 
Instalado en un Taller del Lincoln Arcade, se pone a trabajar en La novia desnudada por sus pretendientes y también en dos grandes placas de vidrio de 129, 5 x 170 cm. y otro de 137 por 170 cm., obra en la que trabajará dos horas diarias durante ocho años. De ese trabajo podrá decir: “Era mi vida” o bien “la lenta elaboración de esa gran marranada” (5). Sostenía la idea de trabajar sobre vidrio para que conservara el aspecto de pintura fresca y acariciaba en consecuencia la intención de que eso le llevara tiempo; se hablará de arte seco, de dibujo mecánico, de la mano que se hace olvidar, hace líneas con regla, se sirve de hilos de plomo, de barnices, araña el vidrio, traza perspectivas.
 
La novia desnudada por sus pretendientes es un gran grafo en dos pisos, en alto, el de la casada, dice “MAR” y el de abajo, el de los pretendientes dice “CEL”. MAR-CEL. Marcel Duchamp describe un complejo circuito, una circulación del deseo (el famoso gas de alumbrado) entre las dos partes del vidrio, circulación interrumpida puesto que el vidrio no estará nunca verdaderamente terminado.
 
La parte de los pretendientes conlleva “nueve mejillones mâlics” que MD llama “el cementerio de los uniformes y de la servidumbre”, sobres vacíos, funciones intercambiables y mediocres: párroco, repartidor de gran almacén, gendarme, coracero, juez de paz, sepulturero, criado, cazador de café, jefe de estación. Esos mejillones se llenan de gas de alumbrado que circula por efecto de un molino accionado por una caída de agua. Bajo la mirada de “testigos oculistas”, ese gas asciende y se ilumina para alcanzar en el vidrio superior la curiosa forma de una casada y vuelve a descender hacia los pretendientes tomando el camino inverso, formando así un circuito.
 
A veces abandona el trabajo pero su obra continúa por otros medios, como ocurre con el polvo, fotografiado por Man Ray en su Criadero de Polvo o cuando El Gran Vidrio se rompió a causa de un inadecuado transporte a la exposición de 1926, y entonces cogerá dos grandes placas de vidrio en las que contendrá El Gran Vidrio reconstruido como si fuera un puzzle enmarcado.
 
Terminará por no trabajar más en ello y la firmará en 1923: “Eso ya no me interesaba, no me concernía. Tuve entonces bastante y me detuve, pero no de golpe ni en una decisión brusca; simplemente no pensé más en ello.” (6)
 
Nuestro autor, que rapta con facilidad, como en un relámpago, un objeto del campo de la utilidad de los consumibles para hacer de él, y de manera casi instantánea, una obra de arte que marcará para siempre el estilo de una época, es también un menesteroso que elabora su obra en silencio. Le hace falta tiempo. Hará dos veces ese recorrido, en efecto, a continuación de otro encuentro apasionado, Duchamp se pondrá de nuevo manos a la obra de algo elaborado casi clandestinamente durante 20 años, Dados: 1. La cascada 2. El gas del alumbrado público".
 
Es su estilo, su ironía, una serie de hallazgos sorprendentes que surgen como un todo que interpreta la época, pero no sin una larga apropiación del tiempo para pulir un objeto singular, una máquina de deseo, una elucubración singular.
 
Duchamp es el inventor del ready made pero en muchas ocasiones se ocupa de reunir en cofres las reducciones del conjunto de su obra. En el museo de Filadelfia está la exposición casi completa de sus obras, organizada con el concurso de sus mecenas y coleccionistas Louise y Walter Arensberg y Catherine Dreier. ¿Eso no nos indica que, más allá de la creación del objeto ready made, lo que hace verdaderamente objeto para él es el lento pulido de su deseo, materialmente tomado en serio, y del cual él mismo es el que no quiere que se pierda la huella?
 
Marcel Duchamp se ha acercado a lo que es el objeto en el siglo moderno, y lejos de querer borrarse ante el significante nuevo que ha sabido crear, se ha afianzado para que recordemos y nos preguntemos acerca de las malas pasadas del tiempo tomadas en los meandros de una vida apasionada.
 
NOTAS
 
(1) Conversation `a l´en-verre avec Thierry Jacquemin
(2) Wajcman, G, L´objet du siècle, Verdier, 2004, p. 9
(3) Wajcman, G., op. cit., p. 57
(4) Wajcman, G., op. cit., p. 168
(5) Duchamp, M., Duchamp du signe, p. 78
(6) Entretiens avec Pierre Cabanne, p. 28
 
Traducción: Jesús Ambel